martes, 27 de octubre de 2015

Crisis de Pánico II

Los ataques o crisis de pánico, lo padecen una de cada diez personas y se da dos veces más en mujeres que en hombres. Es un trastorno de ansiedad que puede traer consecuencias psicológicas y afecta la calidad de vida.
Éstos, pueden ocurrir en cualquier momento o lugar sin previo aviso: el supermercado, centros comerciales, en una reunión social, mientras viajamos o descansamos en unas vacaciones.
Podemos saber si padecemos este trastorno, a través de algunas preguntas claves:
¿Experimentas algunos de los siguientes síntomas físicos: Falta de aire, dificultad para respirar, aumento de las pulsaciones cardiacas, sensación de ahogo, mareos, sensación de caminar como entre algodones, sudor, necesidad de regresar pronto a casa o un lugar seguro, miedo a desmayarse, náuseas o dolor de estómago, dolor de pecho, hormigueo o sensación de entumecimiento, escalofríos o golpes de calor, sacudidas y temblores?
¿Cambió en algo tu vida desde que los tuviste, en el sentido de restringir o evitar ciertos eventos o actividades?
¿Estás siempre preocupado(a) de que te pueda dar uno de estos ataques en cualquier momento?
¿Tienes ataques repentinos de miedo intenso e incontrolado sin saber por qué?
¿Sientes necesidad de correr o escaparte a un lugar seguro durante estos ataques?
Durante estas crisis ¿tienes miedo de que te pase algo horrible, como morir o tener un ataque al corazón?
¿Te impide tu miedo ir a diferentes sitios como a comercios, viajar o ir a un restaurante?
Una vez diagnosticado este trastorno, se puede y en algunos casos se debe tratar con medicación. Sin embargo, el tratamiento combinado entre psicoterapia y psicofarmacoterapia es lo más adecuado.
Si tienes alguna sospecha, consulta con un especialista lo antes posible.

Con afecto, Carlota.

FUENTE: Revista "Buena Salud", No 270. Mayo de 2015.

martes, 13 de octubre de 2015

Crisis de Pánico I

La primera vez que tuve un ataque o crisis de pánico, fue cuando superé el Ca. de mamas y luego, supe del cáncer que afectaba a mi papá.
Y, el primer episodio me dio en el lugar de trabajo: dolor abdominal agudo, temblores, taquicardia, sensación de ahogo y embotamiento, por mencionar algunos de los síntomas.
Frente a esta situación, tuve que dejar el trabajo y tratarme. En ese entonces, sólo necesité psicoterapia y continué con mi vida.
De eso, pasaron ocho años.
Lamentablemente, las crisis han vuelto con mayor fuerza, al punto de alterar mi rutina por completo y en esta ocasión, no ha bastado la psicoterapia.
Estoy con meditación, pastillas para dormir y otras para "emergencias", cuando estos ataques se hacen agudos y me pueden llevar al borde del desmayo.
Ya he probado tres tipos de medicamentos indicados para tratar esta dolencia, sin éxito; ya que me hacen pésimo, agudizando los síntomas y descompensándome.
Al hablar con otros de lo que me pasa, he descubierto que es un problema bastante común, por lo que me animé a contarlo e indagar un poco sobre esta enfermedad, que a veces, puede ser mal diagnosticada.
Por lo tanto, próximamente me extenderé con este complejo tema, que quizás pueda serles de utilidad.
Afectuosamente, Sylvia.

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