martes, 29 de abril de 2014

El Lazo Rosado

Quisiera compartir con Uds., la historia del lazo rosado...

Este es un símbolo internacional usado por personas, compañías y organizaciones que se comprometen a crear conciencia sobre el cáncer de mamas.
Su objetivo es concientizar sobre esta enfermedad en torno a la detección precoz, la cura y cuidados.
El primer lazo rosado fue introducido por la Fundación Susan G. Komen del Cáncer de Mamas. En los años noventa, los activistas por la causa del SIDA lo usaron de inspiración por el impacto que podía generar un simbólico lazo rojo e iniciaron una campaña para que de esta forma, la gente pudiera apoyar esta causa.
Posteriormente, Alexandra Penney, editora en 1992 de la revista de salud para mujeres SELF, junto con la vicepresidenta de ESTÉE LAUDER, Evelyn Lauder, comenzaron con la idea de hacer lazos y obtener el apoyo del gigante farmacéutico para distribuirlos a través de sus tiendas en Nueva York.
No obstante, Charlotte Hayley, una mujer de 68 años sobreviviente del cáncer de seno, también había producido lazos representativos de color melocotón para incentivar al país y los legisladores de Estados Unidos.
Charlotte, después de discutir las oportunidades con Penny, Lauder y los abogados, decidieron ponerle un "nuevo color". El nuevo color de la cinta sería el rosa y se convertiría en un símbolo internacional de la conciencia del cáncer de mama.

Aquí, encontrarán más información:

FUENTE: Extracto Artículo "Lazo Rosado". www.wikipedia.org

lunes, 28 de abril de 2014

Miedo

Cada año, aproximadamente en esta fecha, me hago los exámenes de rigor: mamografía y ecotomografía mamaria. Sin embargo, por razones ajenas a mi voluntad, esta vez, el proceso se prolongó demasiado, ya que la mamografía no arrojó resultados concluyentes y tuve que esperar el segundo examen, lo que me mantuvo muy preocupada.

Hace mucho tiempo, me prometí que después de lo que había pasado, no viviría con miedo. Pero, lógicamente, vuelvo a sentirlo durante estas fechas y una vez conocido el resultado de los exámenes, desaparece.

Recuerdo que lo experimenté con mucha fuerza hace diez años, cuando fui diagnosticada con cáncer de mamas y es muy difícil de explicar. Creo que la palabra se queda corta. Sólo puedo decir que era como un aire frío que bajaba desde mi cabeza a los pies. Y, a veces, agarrotaba todo mi cuerpo. Sentía que no tenía ningún control sobre lo que me estaba pasando, que no podía escapar y que ignoraba si saldría con bien, más allá de la lucha que daría.

Afortunadamente, era una emoción que como otras, iba y venía. También, tenía días lindos que compensaban esos difíciles momentos.

Creo que cuando estamos viviendo una situación limite, es natural sentir miedo. Sólo nos queda vivirlo, enfrentarlo y esforzarnos por quitarle poder cada día.

Con afecto, Carlota.

viernes, 25 de abril de 2014

Perder un Seno II


Como les comenté en “Perder un Seno”, la extirpación de una mama, para mí fue peor que el diagnóstico en sí mismo. Y creo, sin miedo a equivocarme, que la mayoría de las  mujeres que pasaron o están pasando por esto, sienten lo mismo que yo.
Si al menos, esta enfermedad no estuviera asociada a esta pérdida tan brutal, quizás, la devastación emocional y psicológica haría menos estragos. Como siempre digo, este tipo de cáncer “mutila cuerpo y alma”. Afortunadamente, muchas mujeres no tienen que verse enfrentadas a esta dolorosa realidad.

Sería maravilloso que en un futuro no muy lejano, la mastectomía fuera cosa del pasado y sólo se justificara en casos completamente excepcionales.
Creo firmemente que la cirugía de “reducción de riesgo” o mastectomía doble preventiva, realizada a la actriz norteamericana Angelina Jolie -que ya mencioné en “Un Tema Pendiente”-, es una luz de esperanza al reducir considerablemente la posibilidad de desarrollar cáncer de seno. Sin embargo, no es para todas las mujeres, ya que está sujeta al historial familiar y a la existencia de los genes que mutan y desarrollan la enfermedad. Lamentablemente, en Chile este tipo de operación, no es parte de una política pública orientada a la prevención de ésta y sólo se hace en instituciones privadas de salud. Por otro lado, el test genético asociado, tiene un valor aproximado de trescientos mil pesos y se hace en la Corporación Nacional del Cáncer o es cercano al millón de pesos en otros lugares.
En conclusión, actualmente la gran mayoría de las chilenas no tienen acceso a lo uno, ni a lo otro y en este momento, yo tampoco.
Lo que implica, que al ser diagnosticadas por primera vez y/o tener una recidiva, las opciones de tratamiento sólo son de respuesta e involucran los tratamientos ya conocidos: mastectomía, radioterapia, quimioterapia, drogas, etc. y los riesgos asociados.
En mi opinión, éste es un tema país por el que vale la pena reflexionar y debatir.
Carlota

"50 y 50"

Probablemente, has escuchado la expresión “cincuenta y cincuenta”. Significa que frente a dos caminos, tienes las mismas posibilidades.

Yo, la usé en el pasado y la uso hoy.

Cuando en el año 2004, empecé a hacerme las pruebas para confirmar o descartar el diagnóstico de cáncer de mamas, una vez reunida con el doctor, le pedí que me hablara en términos de porcentajes, porque entendería mejor cuál era mi situación.

Pues bien, me dijo que debíamos esperar el resultado de la biopsia y que mis posibilidades de un cáncer avanzado eran de un 40% contra un 60%. Le contesté que entonces, apostaría por ese sesenta por ciento restante, a mi favor.
Y así, durante toda esa etapa inicial, decidí que iría paso a paso con el “vaso medio lleno”. Y, que frente a cada resultado posiblemente adverso, siempre apostaría “50 y 50”. Por lo que tendría grandes posibilidades de salir con bien.

Los números pueden ser poderosos y darnos una perspectiva más amplia, al permitirnos visualizar de alguna forma, lo que enfrentamos.

Así, tengas apenas un 5% de posibilidades frente a una situación de adversidad, úsalo como tu "cincuenta por ciento". Será suficiente para dar rienda suelta a la esperanza y luchar.
Carlota

viernes, 18 de abril de 2014

Pasatiempos que Ayudan

Recuerdo que cuando estaba enferma, me gustaba hacer dos cosas: bordar y escribir.

Bordaba sobre un gran trozo de género, al que le había dibujado muchas flores, sin un orden definido. Y, como esto requería de mucha concentración, me permitía alejarme momentáneamente de mi dura realidad.

Además, desde el primer momento en que supe  mi diagnóstico, compré un cuaderno de tapa muy colorida para escribir todo lo que viviera desde ahí en adelante.

Por lo tanto, lo llevaba a todos lados y en sus páginas registraba lo que sentía, veía y experimentaba, mientras estaba en la sala de espera por consultas médicas, exámenes, citas con psicóloga y  kinesióloga, terapia ocupacional y enfermeras. Incluso, me acompañó durante mis dos hospitalizaciones: mastectomía y reconstrucción mamaria.

Cuando miro hacia atrás y me veo escribiendo sentada en alguna de esas salas, siempre pienso que si en el proceso no hubiera llenado tres cuadernos, quizás, "me habría vuelto loca". Sin proponérmelo, esta sencilla acción se convirtió en una verdadera terapia para mí y pude desahogar todos mis sentimientos en cada una de esas hojas.

De alguna forma, ambos pasatiempos me dieron un poco de tranquilidad y esperanza.

Hoy, ya no bordo, pero aún sigo escribiendo.

Si estás pasando por esta dura experiencia, haz algo que te guste. Inclúyelo en tu rutina diaria y disfrútalo. Probablemente, te brindará valiosos espacios de paz y alejará a ratos los malos momentos.

Con afecto, Carlota.

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