viernes, 18 de abril de 2014

Pasatiempos que Ayudan

Recuerdo que cuando estaba enferma, me gustaba hacer dos cosas: bordar y escribir.

Bordaba sobre un gran trozo de género, al que le había dibujado muchas flores, sin un orden definido. Y, como esto requería de mucha concentración, me permitía alejarme momentáneamente de mi dura realidad.

Además, desde el primer momento en que supe  mi diagnóstico, compré un cuaderno de tapa muy colorida para escribir todo lo que viviera desde ahí en adelante.

Por lo tanto, lo llevaba a todos lados y en sus páginas registraba lo que sentía, veía y experimentaba, mientras estaba en la sala de espera por consultas médicas, exámenes, citas con psicóloga y  kinesióloga, terapia ocupacional y enfermeras. Incluso, me acompañó durante mis dos hospitalizaciones: mastectomía y reconstrucción mamaria.

Cuando miro hacia atrás y me veo escribiendo sentada en alguna de esas salas, siempre pienso que si en el proceso no hubiera llenado tres cuadernos, quizás, "me habría vuelto loca". Sin proponérmelo, esta sencilla acción se convirtió en una verdadera terapia para mí y pude desahogar todos mis sentimientos en cada una de esas hojas.

De alguna forma, ambos pasatiempos me dieron un poco de tranquilidad y esperanza.

Hoy, ya no bordo, pero aún sigo escribiendo.

Si estás pasando por esta dura experiencia, haz algo que te guste. Inclúyelo en tu rutina diaria y disfrútalo. Probablemente, te brindará valiosos espacios de paz y alejará a ratos los malos momentos.

Con afecto, Carlota.

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