viernes, 7 de marzo de 2014

Vivir el Presente



Anoche, antes de dormir, repasé lo que hice durante el día: algunas tareas domésticas, hablé con una vecina, revisé el correo electrónico, un trámite, fui a la farmacia, llamé a una amiga y conversé por teléfono con mi hermana, entre otras. Y, en este simple ejercicio nocturno, descubrí dos cosas: primero, que había hecho NADA para mí o por mí. Segundo, que estos días no eran muy diferentes, unos de otros. Recordé también, que diez años atrás pude morir y que cada doce meses, sin excepción, al hacer mi control anual siempre está latente la posibilidad de una recaída.


Creo que subestimamos el valor y la fuerza del presente. Olvidamos que oímos, olemos, vemos, tocamos y saboreamos. Que sentimos calor y frío. Que respiramos, sin pausa.

Cuando comencé el camino para curarme del Ca. de mamas, que muchas de Uds. vivieron o lamentablemente, están viviendo actualmente, me di cuenta de algo muy bueno: como no sabía qué pasaría conmigo, vivía un día a la vez, porque no tenía que preocuparme por el futuro. Y eso, me daba cierta paz. Ya no pensaba en si encontraría un buen trabajo, si volvería a estudiar, abriría una cuenta de ahorro o planificaría un viaje.

Sólo me concentraba en resistir, ser optimista y hacer lo que me gustaba: caminar, leer un libro, bordar, comer algo rico o darme duchas largas y tibias, por ejemplo. Cosas simples.

A pesar de los duros momentos que estaba viviendo, buscaba esos breves momentos de felicidad.

Desde ahora, las invito a hacer una pausa y pensar en las cosas que las hacen felices HOY.

Afectuosamente, Carlota.

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